Interior del templo de piedra de Chavín de Huántar con cabezas talladas en los muros, ilustración

Chavín

Dioses de piedra

El horizonte cultural conocido como Chavín se desarrolló en los Andes peruanos aproximadamente entre el 1500 y el 400 a. C., en la misma época en que en Mesoamérica florecía la cultura olmeca. Su yacimiento más importante y mejor estudiado, Chavín de HuántarMapa del Perú con el yacimiento de Chavín de Huántar y el área de influencia de la cultura ChavínChavín de Huántar El yacimiento del valle del río Mosna y el área aproximada de influencia de la cultura Chavín en el norte y el centro del Perú., se levantó como centro ceremonial en el corazón de las montañas, en el valle del río Mosna, a unos 3.135 metros de altitud.

Ruinas del centro ceremonial de Chavín de Huántar en el valle del río Mosna
Chavín de Huántar

El complejo arqueológico comprende las plataformas, terrazas y plazas características de este tipo de centros ceremoniales, y su corazón es el edificio conocido como el Castillo. En sus muros se empotraron cabezas de piedra con rasgos que recuerdan al jaguar, y entre los símbolos míticos de esta cultura destacan, además del jaguar, la serpiente, el cóndor y el pez.

Del yacimiento proceden también dos monolitos muy apreciados, expuestos hoy en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, en Lima: el Obelisco TelloEl Obelisco Tello, monolito de piedra tallado de la cultura ChavínEl Obelisco Tello Llamado así en honor del arqueólogo peruano Julio César Tello. Expuesto en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, en Lima., llamado así por el arqueólogo Julio César Tello, y la Estela RaimondiLa Estela Raimondi, losa de piedra con el relieve de una deidad de la cultura ChavínLa Estela Raimondi Llamada así por el científico italiano Antonio Raimondi. Expuesta en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, en Lima., por el naturalista italiano Antonio Raimondi, que estudió el Perú en el siglo XIX.

Sobre el verdadero alcance del poder de este lugar, las opiniones de los investigadores difieren: según una teoría, Chavín de Huántar fue la capital de un poder teocrático que sometió política y religiosamente a los pueblos vecinos, mientras que otra ve en él sobre todo un gran santuario de peregrinación, un lugar de encuentro sin un control político más amplio sobre su entorno.

El Lanzón y el culto al jaguar

El monolito del Lanzón en una galería subterránea del templo de Chavín de Huántar
El Lanzón, en las galerías subterráneas de Chavín de Huántar

En el corazón mismo del edificio principal, en una estrecha galería subterránea, se alza todavía hoy, en el lugar donde se erigió, el monolito conocido como el Lanzón: un bloque de piedra de más de cuatro metros de altura, con forma de larga hoja y cubierto de relieves. Representa a una de las deidades centrales de Chavín, mostrada de un modo a la vez humano y animal; precisamente esa dualidad era la esencia de la religión chavín.

Se creía que durante los rituales los sacerdotes podían transformarse en jaguares y establecer así un vínculo con las fuerzas sobrenaturales. La preparación para ese papel empezaba pronto: según la tradición, a los futuros sacerdotes se les acostumbraba desde niños a dormir de día y velar de noche, evitando la luz del sol durante años. El contacto con el más allá se buscaba también con ayuda de sustancias alucinógenasEl cactus San Pedro (Echinopsis pachanoi) florece solo de noche y contiene mescalina, una sustancia psicoactiva que provoca intensas alucinaciones visuales. Su uso en los rituales andinos está documentado ya en la época de Chavín., sobre todo el extracto del cactus San Pedro, cuyas flores se abren únicamente de noche y cuyas espinas contienen cantidades considerables de mescalina.

Las etapas de esa transformación simbólica en un alter ego (jaguar o águila) aparecen en las esculturas de piedra dispuestas alrededor de la plaza circular de Chavín. La tradición de beber preparados de cactus San Pedro en los rituales nocturnos no ha desaparecido del todo: en algunos lugares de la costa norte del Perú se ha conservado hasta hoy. La influencia de la religión y la iconografía chavín tampoco se extinguió con la caída de este centro: sus huellas se reconocen en culturas que surgieron en los Andes mucho después.

El yacimiento es tan impresionante que el propio Nobel peruano Mario Vargas Llosa, inclinado por lo demás a un enfoque racional, casi escéptico, de la historia, describió su visita a Chavín de Huántar como un momento en el que, entre plazas, muros y oscuras galerías con el Lanzón, sintió por primera vez de verdad la presencia de los antiguos peregrinos y el temor reverencial que aquellas deidades inspiraban en otro tiempo.