Guerreros wari entre los altos muros de piedra de la ciudad, ilustración

Wari

Constructores de ciudades andinas planificadas

La cultura Wari duró aproximadamente del año 600 al 1000 d. C. y pertenece al periodo que los arqueólogos llaman Horizonte MedioDenominación arqueológica del periodo de la historia andina comprendido aproximadamente entre los años 600 y 1000 d. C., cuando en los Andes surgieron grandes Estados como Wari.. Nació en la región de Ayacucho, y en el siglo VII el Estado wari empezó a extender su dominio sobre las zonas serranas y costeras del actual Perú. A finales del primer milenio su poder se debilitó, y hacia el año 1000 la capital se había despoblado en gran medida. Es posible que una grave sequía acelerara su declive.

A los wari se atribuyen también los quipusCordones con nudos con los que se registraban números y otros datos. Los más conocidos son de la época de los incas, que los usaban para administrar el imperio. más antiguos que se conocen, que datan del primer milenio d. C., siglos antes de que los incas llevaran con ellos las cuentas de su imperio.

La capital, el arte y el poder

El centro del pueblo wari se encontraba en los Andes peruanos, a unos 25 kilómetros al norte de la actual ciudad de Ayacucho. En su época de mayor expansión, aproximadamente entre los años 800 y 900 d. C., su influencia se extendía desde Cajamarca y Lambayeque en el norte hasta Sicuani en el sur, abarcando una gran parte del territorio del actual Perú. Se calcula que el imperio wari, como entidad política, se mantuvo durante más de dos siglos.

Construcción de piedra en las ruinas de la capital del imperio wari
Restos de la capital del imperio wari

La capital era un centro urbano desarrollado, con conjuntos de edificios rectangulares levantados con piedra toscamente labrada y altos muros (en algunos puntos de hasta siete metros) que servían de palacios y terrazas residenciales. Estos conjuntos estaban rodeados por largas murallas, de varios cientos de metros, que dividían la ciudad en lo que podríamos describir como barrios separados. La piedra y el barro eran los materiales de construcción básicos, y la planta rectangular predominaba ampliamente sobre los escasos edificios circulares.

En el arte wari se reconoce claramente la influencia de dos culturas andinas más antiguas. De Tiahuanaco tomaron, al parecer, la inspiración para las grandes vasijas ceremoniales, cuyos motivos decorativos recuerdan los relieves de la célebre Puerta del Sol. Al mismo tiempo, las tazas y vasijas más pequeñas, de paredes rectas y paralelas, delatan la influencia de la cultura Nazca. Sea cual sea el origen de las formas, la cerámica wari se distingue por su superficie cuidadosamente bruñida y su rica decoración, con motivos humanos, animales y vegetales.

La mayoría de los arqueólogos considera que los wari fueron un pueblo conquistador, organizado en un Estado fuerte y centralizado, del que surgieron otros importantes centros regionales, entre ellos el conocido Pachacámac, cerca de la actual Lima. Se supone que Pachacámac, como centro religioso muy influyente, alcanzó con el tiempo tanta autonomía que contribuyó a debilitar el poder central wari, lo que hoy se considera una de las posibles causas de la caída de este imperio.

Pikillacta

Calle estrecha y recta entre los altos muros de piedra de Pikillacta
Las estrechas calles entre los altos muros de Pikillacta

Unos 30 kilómetros al sureste de Cusco, en la zona de Lucre, junto a la carretera que va de Cusco a Puno, se encuentra Pikillacta (Pikillaqta), un gran asentamiento construido por los wari. Se halla a unos 3.200 metros de altitud, y su nombre significa en quechua «la ciudad de las pulgas». La fecha de su construcción se estima de distintas maneras: entre finales del siglo VI y mediados del VII.

Pikillacta se levantó según un plan trazado de antemano, con calles rectas y muros de piedra sin labrar unida con barro, de hasta 12 metros de altura. Comprendía unos 700 edificios en una superficie de casi dos kilómetros cuadrados, entre ellos unos 200 recintos cercados con patio interior y 508 depósitos. Curiosamente, tenía solo siete calles cortas y casi ninguna ventana. Se calcula que su construcción requirió casi seis millones de jornadas de trabajo.

La función de Pikillacta sigue siendo objeto de debate: se interpreta como centro administrativo, como fortaleza con guarnición militar o como lugar de ritos y grandes banquetes. El sitio lo estudió por primera vez el historiador peruano Luis Valcárcel en 1927, y las excavaciones las dirigió en tres campañas, entre 1978 y 1990, el arqueólogo Gordon McEwan.

A menos de dos kilómetros del centro de Pikillacta, junto a la actual carretera Cusco–Puno, se encuentra Rumicolca, una maciza construcción de piedra que hoy se considera un acueducto levantado por los wari, quizá precisamente para abastecer de agua a Pikillacta. Los incas la reformaron más tarde y revistieron el tosco muro wari con piedra finamente labrada. Pikillacta está protegida hoy como parque arqueológico.