Aldea taína con chozas de caña a orillas de un río, ilustración

Taínos

El pueblo que recibió a Colón

Según los hallazgos arqueológicos, las islas del Caribe estaban pobladas ya hacia el 5000 a. C., cuando las ocuparon grupos de cazadores y recolectores. Solo en el paso a nuestra era aparecen en las islas comunidades dedicadas a la agricultura y la alfarería, llegadas de Sudamérica, probablemente del valle del Amazonas, a través del delta del Orinoco en las costas de Venezuela y Guyana, desde donde se extendieron por las Antillas Menores hasta las Mayores (Puerto Rico, República Dominicana, Cuba, Jamaica). Todos esos grupos hablaban lenguas de la familia arahuaca, y entre ellos el mayor desarrollo cultural lo alcanzaron precisamente los taínos, que compartieron la historia de las islas con pueblos afines (siboneyes, ciguayos, lucayos, igneris) y con unos recién llegados mucho más belicosos, los caribes.

Aldea taína a orillas de un río, pintura
Los taínos

La organización social

La pirámide social taína: el cacique, los nitaínos y la gente común
Los estratos de la sociedad taína

Al frente de la comunidad estaba el jefe, el cacique. Aunque no existía una verdadera clase social, en el sentido del control de los medios de producción, se distinguen con claridad tres estratos: el propio cacique; después los nitaínos, sus colaboradores cercanos, parientes, caciques de menor rango y curanderos (behiques); y por último, la gente común. El cacique supervisaba el trabajo en las tierras comunales y el reparto de las cosechas, mientras que la acumulación de riquezas se evitaba con costumbres como los banquetes rituales (areítos), en los que, con música y cantos, se celebraba al cacique o algún acontecimiento importante para la comunidad.

El cacique gozaba de un prestigio especial, podía tener varias esposas y ejercía una especie de monopolio sobre la religión, ya que los ídolos sagrados se guardaban precisamente en su casa; curiosamente, el cacique podía ser a veces una mujer. Aunque a los taínos se los describe a menudo como un pueblo pacífico (una impresión que recogió el propio Colón), la existencia de prisioneros de guerra al servicio del cacique como criados personales indica que el espíritu guerrero no les era del todo ajeno, solo que mucho menos marcado que entre los caribes.

Los asentamientos y la agricultura

Batey, la plaza ceremonial taína bordeada de piedras
El batey, la plaza ceremonial

El tamaño de los asentamientos variaba, y según algunos hallazgos recientes en la República Dominicana, algunos pudieron tener más de 5.000 habitantes. El lugar de reunión era la plaza, que los taínos llamaban batey; los asentamientos mayores podían tener varias plazas, circulares o rectangulares, siempre bordeadas de losas de piedra con petroglifosLosas de piedra con petroglifos taínosPetroglifos El nombre viene de las palabras griegas petros (piedra) y glyphein (tallar, grabar). grabados.

Alrededor de las plazas se alineaban las casas: la casa familiar común, el bohíoBohíos, chozas circulares taínas con techo cónico de pajaBohío Casa familiar de planta circular, con techo cónico de paja y paredes de caña reforzadas con postes de madera., tenía planta circular y techo cónico de paja, paredes de caña y bejucos reforzadas con postes de madera y una sola abertura, la puerta de entrada. La casa del cacique (el caney) era más amplia, de planta rectangular, con techo a dos aguas de hojas de palma y un portal sin paredes. Los asentamientos se levantaban cerca de los campos de cultivo y de las fuentes de agua; cada uno lo gobernaba un cacique propio, y la tierra de siembra se limpiaba talando y quemando de forma controlada parcelas escogidas (conucos).

En la agricultura la magia tenía un papel importante: con un rito especial se enterraban pequeñas figuras de piedra como el trigonolito o piedra de tres puntas, un símbolo de fertilidad que, según la interpretación de los investigadores, recordaba tanto la forma de la yuca como los senos femeninos, y cuya finalidad era aumentar la cosecha de este cultivo básico. En los campos se dejaban también como ofrendas objetos en forma de pétalo o de lágrima, hechos de piedra pulida.

Con la yuca (mandioca), las mujeres preparaban un pan llamado casabe: quitaban la cáscara con los bordes afilados de las conchas, rallaban la pulpa y la exprimían en un utensilio especial en forma de huso (el cibucán) para eliminar el jugo venenoso de la raíz, antes de cocer la masa ya seca. En su alimentación había también ají, calabaza, maní y frutas tropicales (papaya, piña, guayaba), además de pescado, que a veces se capturaba envenenando pequeñas lagunas con la planta llamada barbasco.

Las representaciones religiosas y las creencias

Figura tallada en forma de calavera, obra taína
Objeto tallado en hueso

Lo que más sabemos sobre las creencias de los taínos se lo debemos a las notas del fraile español Ramón Pané, que a finales del siglo XV puso por escrito sus mitos. Se trata de una religión esencialmente animista, en la que las deidades encarnaban las fuerzas de la naturaleza, las plantas, los minerales y los animales, y sus protectores se representaban en figuras llamadas cemíes. Robar el cemí de otro se consideraba una gran humillación para la comunidad a la que pertenecía. La deidad suprema, según Pané, se llamaba Yúcahu Bagua Maórocoti, el creador inmortal e invisible y señor del cielo, que, dado que la comunidad taína era ante todo agrícola, era venerado también como señor de la cosecha, de la yuca, del agua y del mar.

Areíto, danza ritual taína al son del tambor, grabado antiguo
El areíto, la fiesta de toda la comunidad

No había templos propiamente dichos; la vida religiosa transcurría en las plazas, con la participación de toda la comunidad, y los ritos más importantes eran el juego de pelota, la fiesta del areíto y el ritual de la cohoba. De las reglas del juego de pelota se sabe poco, salvo que la pelota podía golpearse con cualquier parte del cuerpo excepto la mano y que los jugadores llevaban cinturones y protecciones; el mismo juego era popular también en Mesoamérica.

A diferencia del areíto y del juego de pelota, en los que participaba toda la comunidad, al ritual de la cohoba asistían solo los chamanes y los caciques, los únicos iniciados en los secretos de la comunicación con las deidades. Antes del rito el cuerpo se purificaba provocándose el vómito con ayuda de una espátulaEspátula taína tallada para el ritual de la cohobaLa espátula y la cuchara La espátula servía para provocar el vómito y purificar el cuerpo antes del ritual, y con la cuchara se colocaba el polvo alucinógeno sobre el ídolo de la cohoba. decorada especialmente, y después se inhalaba un polvo alucinógeno obtenido de las semillas del árbol Piptadenia peregrina, que se introducía en la nariz con un inhaladorTubo tallado para aspirar el polvo en el ritual de la cohobaEl inhalador Un utensilio trabajado con arte con el que los chamanes aspiraban el polvo alucinógeno durante el ritual de la cohoba. especial. Después el participante entraba en trance y, según la creencia, establecía contacto con las deidades.

Estaban muy arraigados el culto a los muertos y la creencia de que los espíritus de los difuntos vagaban de noche y podían adoptar la forma de parientes vivos, aunque se distinguían de los vivos por no tener ombligo, una diferencia que los artistas taínos aplicaban sistemáticamente también al representar a las personas, dibujando a los vivos con ombligo y a los muertos sin él. El entierro dependía de la posición social: la gente común era incinerada o enterrada con modestia, mientras que a los caciques se los colocaba en cámaras funerarias especiales, sentados en bajos asientosDujo, el asiento bajo de madera tallada del caciqueDujo Asiento bajo de madera, símbolo de la autoridad de caciques y chamanes. Se usaba en los ritos de la cohoba y del areíto, y su dueño era enterrado sentado en él. tallados (dujos) que simbolizaban su autoridad, rodeados de objetos de cerámica trabajados con arte.

La creación artística

Tres esculturas de piedra en forma de cabeza, obras taínas
Esculturas taínas de piedra y hueso

Los taínos elaboraban objetos de cerámica, piedra, hueso, concha, metal, madera y tejidos de algodón, y desarrollaron un estilo inconfundible en el que tenía un papel importante la simetría entre el lado izquierdo y el derecho de la figura, con una cabeza agrandada respecto al cuerpo. Su técnica favorita era el grabado, fuera cual fuera el material, y los motivos más frecuentes (ranas, murciélagos, búhos) proceden de su mitología. Como instrumentos musicales usaban la trompeta de caracola marina (el guamo, conocido también en Mesoamérica y en los Andes), sonajas de frutos duros, maracas de güiros secos y tambores de troncos huecos. Para las fiestas se pintaban el cuerpo y llevaban amuletos, plumas de colores, collares de conchas y bandas alrededor de los brazos y las piernas.

El cacique Hatuey

Busto del cacique Hatuey en Baracoa, Cuba
Busto del cacique Hatuey, Baracoa, Cuba

El cacique HatueyJefe taíno de La Española que organizó la resistencia contra los españoles en Cuba. Hoy, en Cuba y en Puerto Rico, se le considera uno de los primeros héroes de la resistencia contra la colonización. huyó de los conquistadores españoles de La Española a Cuba con un centenar de seguidores y allí organizó una resistencia guerrillera que duró unos tres meses, antes de ser capturado y, por orden del gobernador Diego Velázquez, quemado en la hoguera en 1512.

Según un testimonio posterior, mientras Hatuey estaba atado al poste, un franciscano le habló de la fe cristiana y le prometió el cielo si se bautizaba antes de morir; cuando Hatuey preguntó si en ese cielo había también cristianos y recibió una respuesta afirmativa, al parecer contestó que entonces no quería ir allí, porque no soportaría la compañía de gente tan cruel. Aquella escena conmovió profundamente al sacerdote Bartolomé de las CasasBartolomé de las Casas, retrato del sacerdote escribiendoBartolomé de las Casas (1484–1566). Sacerdote español, primero partícipe de la colonización y después su crítico más feroz y defensor de los derechos de los pueblos originarios de América., que después de aquel suceso devolvió todas sus propiedades y a los indios que hasta entonces había tenido a su servicio y dedicó el resto de su vida a luchar contra el sistema de la encomienda y por los derechos de la población indígena. En 1541 dio a conocer su célebre obra, la «Brevísima relación de la destrucción de las Indias», en la que describe con detalle y con horror los crímenes de los colonos contra los pueblos pacíficos y hospitalarios de América, un escrito que siglos después sigue siendo uno de los testimonios más importantes de la magnitud de la violencia colonial en estas tierras.

La desaparición de la cultura taína

Soldados españoles e indígenas cautivos, ilustración
Las consecuencias de la colonización

La llegada de los colonizadores europeos a finales del siglo XV trajo a los pueblos del Caribe, y entre ellos a los taínos, una catástrofe cultural y biológica. Los españoles introdujeron el sistema de la encomienda (la obligación de la población de pagar tributo en oro, en productos o en trabajo forzoso), que, unido al agotamiento y a la mala alimentación, dejó a la población indígena extremadamente vulnerable a las enfermedades llegadas del continente europeo, sobre todo a la viruela. En pocas décadas las epidemias redujeron drásticamente el número de taínos, que más tarde fueron sustituidos por esclavos traídos de África, mientras que los indígenas supervivientes se fueron mezclando con los colonos y con la población africana.