La Puerta del Sol de Tiahuanaco al atardecer, ilustración

Tiahuanaco

La puerta al mundo de los espíritus

Tiahuanaco es una de las culturas andinas más antiguas y enigmáticas, cuyo nombre está ligado al yacimiento homónimo de la orilla boliviana del lago Titicaca, a unos 4.000 metros de altitud. Su florecimiento suele situarse entre los siglos IX y XII d. C., aunque las estimaciones sobre la antigüedad de las ruinas, como veremos, fueron objeto de disputa durante mucho tiempo.

La Puerta del Sol de Tiahuanaco
La Puerta del Sol

Un interés científico más serio por Tiahuanaco surgió a comienzos del siglo XX, cuando el investigador vienés Arthur PosnanskyIngeniero y arqueólogo de origen austriaco, afincado en Bolivia, que estudió Tiahuanaco a comienzos del siglo XX. Su estimación de que las ruinas tenían hasta 14.000 años se considera hoy científicamente insostenible, pero alimentó durante mucho tiempo las teorías populares sobre una «civilización perdida»., mientras trabajaba en el trazado de un ferrocarril en Bolivia, dio con los restos de la antigua ciudad. Basándose en cálculos astronómicos, Posnansky estimó que las ruinas tenían nada menos que 14.000 años, una estimación que las investigaciones posteriores no confirmaron. Una opinión mucho más aceptada fue la del etnólogo alemán Max UhleArqueólogo alemán (1856–1944), uno de los fundadores de la arqueología andina moderna, que situó la datación de Tiahuanaco sobre una base cronológica mucho más realista., según el cual la mayor parte de los restos procede de los siglos IX y X d. C., una datación más cercana a la que hoy aceptan los especialistas.

En su apogeo, Tiahuanaco era una ciudad de unos 20.000 habitantes. Se supone que al principio tuvo sobre todo una función religiosa, como yacimientos de la talla de Chavín de Huántar o Pachacámac, y que después se convirtió también en un centro de producción artesanal: el trabajo del bronce, el pulido de la turquesa y la elaboración de una cerámica suntuosa. El propio tamaño y la precisión de las construcciones revelan que detrás de ellas había una mano de obra organizada, una clara división del trabajo y avanzados conocimientos de ingeniería.

Los restos de la ciudad se extienden por una meseta de alrededor de un kilómetro de largo y unos 450 metros de ancho. La mayoría de los edificios se levantaron con macizos pilares de piedra, entre los que se colocaban, hilada tras hilada, bloques rectangulares de piedra labrada. Entre las construcciones destaca en especial AkapanaAkapana, la pirámide escalonada de TiahuanacoAkapana Pirámide escalonada de unos 210 metros de ancho y unos 15 de altura que, según se supone, tuvo también una función defensiva., una pirámide escalonada que, según se cree, además de ceremonial tenía una función defensiva. Al tratarse de una zona árida, la ciudad contaba con una red ramificada de canales de piedra para recoger el agua y llevarla hasta el centro, algo tanto más importante cuanto que a Tiahuanaco, como lugar de peregrinación, llegaba sin cesar un flujo de visitantes.

Kalasasaya y la Puerta del Sol

El templo de Kalasasaya en Tiahuanaco, panorámica
El templo de Kalasasaya

La parte más conocida del yacimiento es el templo de KalasasayaEn lengua aimara, el nombre significa aproximadamente «el lugar de las piedras paradas», por los pilares monolíticos que rodean el templo., un recinto de unos 1.755 metros cuadrados cercado por una hilera de pilares monolíticos verticales parecidos a menhires. Se considera que Kalasasaya sirvió también como una especie de observatorio astronómico, destinado a seguir el movimiento del Sol a lo largo del año. En su centro se alza el Monolito Ponce, que lleva el nombre del arqueólogo Carlos Ponce SanginésArqueólogo boliviano (1911–2009) que dirigió durante décadas las excavaciones de Tiahuanaco y que dio nombre al monolito descubierto en el centro de Kalasasaya., quien lo descubrió.

En un extremo del templo se encuentra también la Puerta del Sol, quizá el símbolo más reconocible de esta cultura y de su culto solar. Es una especie de portada, de unos dos metros de alto y unos cuatro de ancho, tallada en un solo bloque de piedra. En el centro de su dintel aparece una figura antropomorfa con un báculo en cada mano, rodeada de tres hileras de seres alados más pequeños dispuestos en fila. La mayoría de los investigadores considera que la figura central representa al dios Viracocha, el creador del mundo, cuyo culto, al igual que la influencia de la propia cultura Tiahuanaco, se extendió por todos los Andes y durante un tiempo se entrelazó con la cultura Wari.