La cultura Nazca se desarrolló en el sur del Perú, en la región que hoy lleva el nombre de Ica, y estuvo estrechamente ligada a la cultura Paracas, más antigua, mientras que fue contemporánea de la cultura Moche en el norte de la costa. Alcanzó su apogeo aproximadamente entre el año 100 a. C. y el 600 d. C.
Los asentamientos se levantaban junto a los cursos altos de los ríos que, por su escaso caudal, a menudo se secaban antes de llegar al océano Pacífico. Para asegurarse el agua en un medio tan árido, los nazcas, al igual que otras culturas costeras de la época, construyeron ramificados acueductos subterráneos, un sistema que exigía serios conocimientos de hidráulica y que en parte funciona todavía hoy.
La sociedad estaba gobernada, al parecer, por sacerdotes entendidos en astronomía, cálculo y geometría. En la cerámica pintada aparecen llevados en andas por sirvientes enjutos, lo que indica su elevada posición. Su prestigio descansaba probablemente también en su capacidad para «leer» el cielo y prever el cambio de las estaciones; en este contexto se menciona también el calendario de 360 días que se atribuye a esta cultura.
Las tumbas descubiertas en la región muestran que el rito funerario tenía gran importancia. Los difuntos más destacados se enterraban en tumbas complejas, acompañados de cerámica, tejidos, joyas de oro y tocados de plumas para el viaje al más allá; en esos mismos complejos se hallaron también restos de personas que, se supone, fueron sacrificadas, entre ellos huesos de niños. Los habitantes comunes se enterraban de forma más sencilla: en fosas, sentados y sin ofrendas.
La alfarería
Los arqueólogos cuentan la cerámica nazca entre las mejores de toda la América precolombina. Se elaboraba modelando la arcilla sobre una base convexa, y su forma característica (un cuerpo redondeado con dos picos tubulares unidos por un asa puente) la distingue fácilmente de la cerámica de otras culturas andinas.
La decoración era variada: desde motivos geométricos (rombos, círculos, triángulos) hasta motivos vegetales, animales y humanos. Destaca en especial la figura de un ser con rostro felino de cuya boca salen serpientes, así como las numerosas representaciones de cabezas humanas cortadas, por las que algunos investigadores suponen que la caza de cabezas tenía un lugar en las creencias de esta cultura.
Las líneas de Nazca
El legado más conocido de esta cultura son sin duda los geoglifos del desierto de la Pampa de Nazca (o Pampa del Ingenio), enormes dibujos trazados en el suelo que revelan un profundo conocimiento de la astronomía. El primero en describirlos, en 1926, fue el arqueólogo peruano Toribio Mejía XesspeArqueólogo peruano que registró científicamente por primera vez la existencia de las líneas del desierto de Nazca, aunque la población local ya las conocía antes., y décadas más tarde continuó su estudio la matemática alemana Maria Reiche
Maria Reiche (1903–1998). Matemática alemana que pasó la mayor parte de su vida en el desierto de Nazca, estudiando y protegiendo los geoglifos. Está enterrada cerca de las líneas que estudió..
A partir de los años cuarenta del siglo XX, Reiche midió y cartografió las líneas durante años y llegó a la conclusión de que las mayores servían como una especie de calendario astronómico, ligado al ciclo de las estaciones y a la posición de los astros. En un lugar comprobó, por ejemplo, que nada menos que 23 líneas rectas partían de un mismo punto y que una de ellas señalaba la posición del Sol en el momento del equinoccio. Para un pueblo cuya supervivencia dependía del agua, escasa y preciosa, seguir esos ciclos tenía también una importancia muy práctica.
Los geoglifos representan aves (un pelícano, una gaviota, una grulla, un cóndor, un loro, un colibrí), una araña
La araña Uno de los geoglifos más conocidos del desierto de Nazca., un caracol, un mono y varios reptiles (una lagartija, una iguana, una serpiente), y también pueden reconocerse un perro, dos llamas, una ballena y una gran forma parecida a un candelabro. Algunas líneas tienen apenas un metro de ancho pero se extienden durante kilómetros, y algunas figuras de animales alcanzan hasta 300 metros de largo. Se hicieron retirando la capa superior del suelo, oscura y teñida de hierro, lo que dejaba al descubierto la capa más clara y amarillenta de debajo.
A pesar de décadas de trabajo de los investigadores, entre ellos Reiche, que les dedicó la mayor parte de su vida, la finalidad exacta de las líneas de Nazca sigue siendo hoy objeto de conjeturas y se considera uno de los grandes enigmas de la América antigua.







